Y sentí que tus palabras eran más afiladas que un puñal.
Me mataste.
Tú, mujer que en mi pecho encontraste consuelo;
Me usaste, una y otra vez.
¿Y yo?, simplemente era feliz.
Día a día mis ojos eran incapaces de ver a otra mujer.
Alimentaba mis sentimientos de falsas esperanzas,
Verdad enceguecida por mi amor.
…terco corazón recio a toda lógica o razón.
Y llegó el día en que ya no me necesitabas;
Me arrojaste al viento como un pañuelo desechable.
"No puedo estar contigo."
Crueles palabras, frías e insensibles.
Silencio.
Solo mis lágrimas silenciosas,
Sólo ellas,
Fueron testigos de tu marchar lejos de mí.
K.G.A.F.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada